Estatura Estancada

Cuando la leche y las espinacas parecen no funcionar para crecer, los papás caen en pánico. Los pediatras tienen su propia guía: una tabla cuantificable para ubicar al niño en peso, talla y circunferencia cefálica dentro del amplio rango de crecimiento que se considera normal para cada edad. Según explica el pediatra y endocrinólogo infantil Roberto Lanes, más allá del tamaño soñado, importa más que cada niño conserve los ritmos de velocidad del grado o percentil en el que se ubica en esa escala, según sus propias características genéticas, así sea relativamente bajo, medio o alto. Si cae de pronto el ritmo de crecimiento que traía, o si por el contrario está creciendo más rápido porque está entrando en pubertad muy temprano, eso tampoco es normal, ilustra.

Entre todas las causas de un rezago en talla, la genética es la más común. Por eso se evalúa la estatura de los niños en relación con la de los padres: si tiene padres muy altos y él es muy bajito o viceversa, eso llama la atención.

Si tenemos un niño cuyos padres son pequeños y él está en un percentil bajo, pero aún así está creciendo normalmente a lo largo de esa proyección, es muy probable que no tenga ningún problema médico. En cambio, un niño con padres muy altos que estaba en un percentil muy alto, pero que por alguna razón en los últimos años cayó notablemente, es preocupante, aun cuando la talla que tenga todavía parezca `normal’ para un niño de su edad. Cada uno debe mantenerse en la curva de crecimiento que le corresponde, y generalmente eso no cambia mucho antes de la pubertad, a menos que algo esté alterado; por eso es muy importante revisar siempre las medidas anteriores.

La segunda causa más frecuente es una nutrición incompleta.

Lanes lo ilustra con niños que han caído en peso y ecundariamente en talla. Muchas veces basta con darles más comida y alimentarlos balanceadamente.

A veces, entre gente con recursos, en el intento de darles una dieta muy sana se eliminan las grasas y los carbohidratos, que son elementos que los niños también necesitan para crecer. Cuando se les reponen, empiezan a subir de talla otra vez, explica el médico.

También vemos niños muy deportistas o niñas que hacen ballet y que no reponen las calorías que gastan. Pierden peso y crecen poco; pero tan pronto suben de peso, suben también de talla. Por eso es tan importante ver ambos factores.

De menor a mayor.

En el proceso de descarte, el médico también debe evaluar lo que pasó en el embarazo –si ya había un retardo de crecimiento desde el útero– y en el parto –peso y talla al nacer–, pues hay eventos que pueden causar traumas orgánicos en la hipófisis y que pueden derivar en deficiencias hormonales. Luego consideramos enfermedades gastrointestinales, pulmonares, dermatológicas, renales, que a veces vienen acompañadas del uso de medicamentos con esteroides que pueden frenar el crecimiento.

El médico puede encargar una radiografía de la mano y la muñeca para evaluar la maduración de los huesos. La gran mayoría de los niños tiene una edad ósea similar a su edad cronológica. Si un niño de nueve aún tiene una edad ósea de tres o cuatro años, eso más bien puede sugerir un problema hormonal, porque cuando hay una deficiencia de hormona tiroidea y hormona de crecimiento, los huesos no maduran.

Un endocrinólogo infantil puede evaluar el conjunto. En el caso de niñas que no crecen, uno tiene que pensar siempre en la posibilidad de un problema genético, sobre todo el síndrome de Turner. Son niñas a las que les falta un cromosoma en forma parcial o total, no crecen bien y pueden o no tener problemas en la formación de los ovarios.

También pueden requerirse pruebas de laboratorio y eventualmente una resonancia magnética de cráneo para revisar el estado de la hipófisis, donde se producen hormonas claves para el crecimiento.

Freno a la pubertad. Las hormonas sexuales precipitan, para bien o para mal, la maduración ósea.

Algo que se puede hacer en niños muy pequeños que entran en pubertad precoz es retrasar ese proceso, con un grupo de medicamentos que se llaman análogos de LHRH. Se usa en niñitos que entran en pubertad a los cuatro o seis años para permitir que crezcan por más tiempo. Dárselo a los que ya tienen 10 ó 12, pero que son muy chiquitos es una alternativa, aunque los resultados son debatibles porque no crecen demasiado.

¿Hasta cuándo se crece de verdad? El crecimiento rápido importante ocurre hasta que el varón alcanza una edad ósea de 16 años y la mujer alcanza una edad ósea de 15. Mientras más lejos esté la edad ósea de esas cifras, más tiempo tienes todavía de crecer. No tiene que ver con la edad cronológica sino con la edad ósea.

Muchos preguntan si una niña va a seguir creciendo si ya le vino la primera menstruación, pero eso va a depender de cómo está la edad ósea en ese momento, explica el especialista. Eso es lo que determina cuánto más queda por crecer, no la regla. Lo que pasa es que muchas niñas que ya la tienen han producido mucha hormona sexual durante el crecimiento y eso hace que los huesos se adelanten a la edad que ellas tienen. Por eso, al menos la mitad de ellas ya no crece tras la regla, porque cerraron sus huesos.

Para los varones precoces, Lanes explica que hay un nuevo tratamiento –muy experimental todavía– que se hace con inhibidores de aromatasa. Inhibe la conversión de testosterona en estradiol, que es la hormona que hace –tanto en hembras como en varones– que los huesos cierren, con lo cual se puede mejorar el potencial de la talla final. Contrario a la hormona de crecimiento o los análogos de LHRH, que se inyectan, esto es oral y no es tan caro, pero aún faltan estudios.

Abono para subir. En la mayoría de niños que tienen problemas nutricionales, la solución es alimentarlos mejor. Los que están recibiendo esteroides, si realmente los necesitan, tendrían que usarlos en las dosis más bajas posibles. Una acidosis renal tubular se trata con citrato y bicarbonato, no con hormona de crecimiento.

Si tienen hipotiroidismo, se les da hormona tiroidea. Si tienen diabetes, controlársela. Si tienen un problema de malabsorción, como la enfermedad celíaca, con tratarlos y no darles gluten generalmente empiezan a subir de peso y crecen muy bien, explica el especialista.

Realmente es una fracción minúscula de los pacientes la que requiere hormona de crecimiento (HC), y de ésos los únicos que responden espectacularmente son los que no la producen porque se compensa un déficit. Lo que pasa es que cada vez se ha hecho más complicado determinar a quién le falta. ¿Quiénes deberían recibirla? Además de los niños con déficit probado de HC, las niñas con síndrome de Turner y los niños con retardo intrauterino o insuficiencia renal crónica. El experto explica que el tratamiento con HC consiste en inyecciones subcutáneas diarias.

No duelen. Hay plumitas especiales con agujas ultrafinas y que son como las que usan los diabéticos, que permiten administrar la hormona sin mayor problema, señala. La HC es costosa. El seguro social la da para deficiencia de HC y para síndrome de Turner.

Lanes señala que en dosis fisiológicas –con las que simplemente se está reponiendo lo que el cuerpo no produce en una deficiencia probada– no debería haber mayores efectos secundarios.

En cantidades superiores, puede aumentar el riesgo de diabetes o empeorar problemas previos como escoliosis y síndrome de túnel carpiano. Es un tratamiento que puede durar años según la edad del niño y la suspensión depende de la edad ósea alcanzada y de la velocidad de crecimiento.

Si un niño ya está creciendo un centímetro o dos al año y tiene una edad ósea muy cerca de los 15 ó 16, ya probablemente no valga la pena gastar una fortuna ni inyectarlo todos los días, tomando en cuenta que tanto inyectarse a veces puede producir traumas y es otra razón más para evaluar si realmente lo necesita.

Tomado de el-nacional.com

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